Resumen Cursa Festa Major Sabadell 2026
Llega el mes de septiembre y, con él, la Cursa de la Festa Major de Sabadell. Como cada año, una carrera de sube y baja, exigente y, sobre todo, marcada por el calor.
Llegaba a esta edición después de un mes bastante complicado, con dolores y molestias en la pierna que habían condicionado mucho los entrenamientos. Tocaba correr en llano, a ritmos muy suaves y sin poder exigir demasiado al cuerpo. Hasta el último día de pruebas, todo era incertidumbre.
Por eso, esta carrera se planteaba de una manera diferente. No llegaba con un objetivo de tiempo ni con la intención de buscar una marca. Era, sobre todo, un entrenamiento de pretemporada. Una primera prueba para comprobar cómo respondía la pierna, recuperar sensaciones y, si todo iba bien, dar el primer paso hacia el objetivo principal: empezar el planning de la media maratón de 2027.
La carrera empezaba con bastante calor. Ya estaba sudando antes incluso de tomar la salida, pero las sensaciones eran buenas. Las molestias habían disminuido y la zona estaba protegida. Dentro de la incertidumbre con la que llegaba, al menos el cuerpo parecía responder.
Dieron la salida y, como suele pasar, salieron todos como revolucionados.
Me coloqué en las primeras posiciones, pero tenía muy claro cuál era mi estrategia: aguantar y dejar que el ritmo fuese cayendo poco a poco. No tenía ritmo de competición y sabía que iba a ser difícil mantener velocidades altas durante los 10 kilómetros.
Y así fue, desde los primeros metros, muchos corredores empezaron a moverse por debajo de 3:30/km. Yo intenté regular y situarme alrededor de 4:00/km. Poco a poco, la gente me iba adelantando, pero no me preocupaba. La idea era mantener, no forzar y comprobar cómo respondía la pierna.
Comenzaba la subida, con algunos tramos de sombra, y el ritmo todavía no era malo. Pero seguía teniendo claro que había que mantener y no entrar en una dinámica de exigencia que no tocaba.
La vuelta por la carretera Barcelona se hacía cansada, incluso siendo bajada, costaba bastante. El calor empezaba a pasar factura y la falta de ritmo se hacía cada vez más evidente.
Llegábamos al final de la primera vuelta y aparecía una de las partes más duras: una rampa bastante pendiente que obligaba a apretar. Y justo después de superar esa subida comenzábamos la segunda vuelta, con una subida continuada que ya hacía que el ritmo fuese bastante más bajo.
En mi cabeza solo se repetía una frase: «Es un entrenamiento. Es un test.»
El objetivo era terminar sin molestias. Y, si las sensaciones lo permitían, intentar incluso acercarme o bajar de 2:45, aunque sabía que el ritmo inicial de alrededor de 4:15/km no iba a ser fácil de mantener.
Pero la segunda vuelta fue otra historia.
El calor era insoportable. El esfuerzo acumulado empezaba a notarse y, sobre todo, la falta de ritmo de las últimas semanas estaba pasando factura. El ritmo fue cayendo progresivamente: 5:00/km en las subidas y alrededor de 4:30/km en las bajadas.
Ya no se trataba de correr rápido. Se trataba de aguantar, terminar y comprobar que la pierna respondía.
La subida se hacía lenta y cada vez más pesada. Mucho calor, aunque prácticamente todo el tramo transcurría por zonas de sombra. Había que aguantar y esperar a que llegase la primera pequeña bajada para recuperar algo de ritmo.
Pero este año el recorrido tenía un tramo extra. Después de esa primera bajada, el trazado volvía a subir y bajar y nos llevaba durante casi un kilómetro completamente al sol.
Ahí el calor se convirtió en uno de los grandes protagonistas de la carrera.
Algunos corredores llegamos incluso a meternos por la acera en determinados puntos para intentar aprovechar la pequeña sombra que proyectaban los edificios. No era lo ideal, pero en ese momento cualquier metro de sombra se agradecía.
Después volvíamos a la carretera, donde la sombra ya era algo más amplia en esa recta quilométrica. Sin embargo, el calor seguía siendo tremendamente fatigoso y el cuerpo ya empezaba a acusarlo.
Y aquí llegó, para mí, uno de los puntos débiles de la carrera: la falta de avituallamientos teniendo en cuenta las temperaturas que estábamos soportando.
Alguna empresa había colocado un par de puntos de avituallamiento intermedios, pero básicamente ofrecían café. Una opción que, personalmente, no considero demasiado aconsejable en una carrera con estas condiciones de calor y que, además, evidentemente no tiene por qué gustar ni sentar bien a todo el mundo.
Con el calor que hacía, creo que habría sido mucho más necesario disponer de puntos de avituallamiento con agua, especialmente en la segunda vuelta.
Ya solo quedaba afrontar la última subida.
A estas alturas la carrera había cambiado completamente. El objetivo inicial de mantener un ritmo cercano a 4:00/km había quedado muy atrás. Ahora simplemente tocaba aguantar y llegar a meta.
Los adelantamientos eran continuos. Pero esta vez, en su mayoría, era yo quien veía cómo los demás corredores me adelantaban. Las posiciones se iban perdiendo y el ritmo seguía cayendo.
En las subidas nos acercábamos a ritmos de 5:00/km y en las bajadas apenas conseguía recuperar hasta alrededor de 4:30/km. Pero ya no importaba demasiado. Era un entrenamiento, un test y, sobre todo, una prueba para saber si la pierna podía soportar los 10 kilómetros.
Finalmente, encaraba los últimos metros con la sensación de haber sufrido más de lo esperado, principalmente por el calor y por la falta de ritmo acumulada durante las últimas semanas.
El cronómetro ya pasaba de los 45 minutos.Finalmente fueron 45 minutos y 46 segundos, un resultado muy por debajo de los resultados de los últimos 13 años.
No era el resultado que me gustaría en condiciones normales, pero tampoco era ese el objetivo de esta carrera. El verdadero resultado estaba en comprobar cómo había respondido el cuerpo después de un mes complicado.










